-Son las de Siempre, señor.
LAS DE SIEMPRE
Si viene á la población
un personaje cualquiera,
que por su elevada esfera
se encuentren en la estación autoridades civiles,
clero, jefes, generales,
los guardias municipales
y serenos y alguaciles,
á las de Siempre
verás vestidas como de fiesta,
pues á funciones como ésta
ellas no faltan jamás.
Cuando se repite el caso
de anunciarse la llegada
de una persona encumbrada,
á la que encuentran al paso
le sacan á colación,
sea ó no sea preciso,
tienen el compromiso d
e bajar á la estación,
porque si su señoría
ó excelencia descendiera
de su coche y no las viera,
su excelencia, ¿qué diría?;
ponerlas de oro y azul;
y ellas, esto comprendiendo,
á la estación van luciendo
lo del fondo del baúl.
Silba el pito. Viene el tren;
ya rebasa de la aguja;
bulle, se apiña y estruja
el gentío en el andén.
Las de Siempre, en ocasiones
tales, tienen la costumbre,
por entre la muchedumbre,
abrirse paso á empujones;
y á trueque de que la tela
les destrocen del vestido,
rara vez no han conseguido
ponerse en la portezuela
muy ufanas. Para el tren;
al descender su excelencia
le hacen una reverencia
y... ¡adiós, que te vaya bien!;
pues aunque en hablarle insisten,
en auto parte ligero,
y ni se entera el viajero
de que las de Siempre existen.
Si celebra reunión,
van á dar la cabezada
á la persona llegada
y se largan del salón
contentas y en la creencia
de que las miró al pasar;
y en efecto: preguntar luego
suele su excelencia
al señor gobernador,
que de asesor tiene al lado:
-¿Quiénes son las que han pasado?
-Son las de Siempre, señor.
Después, por la población
van sus visitas haciendo
y á todo el mundo diciendo
que la persona en cuestión,
ma’gré lo de excelentísima,
fué con ellas muy tratable
y estuvo lo más amable,
atenta y cariñosísima.
Y... nada: á guardar el traje
porque polilla no tenga,
y á esperar hasta que venga
algún otro personaje.
Por MELITÓN GONZÁLEZ.
Publicado en Madrid: Revista BLANCO Y NEGRO, 08-03-1914, página 37
Dibujo de Sileno.
