CUENTOS ILUSTRADOS
LOS VIDRIOS ROTOS
El cuartelero gritó: ¡Tercera, el capitán de la compañía!
El teniente de semana salió á la
puerta del dormitorio á recibir á su capitán, y, saludándole con todas las
reglas del arte, le dijo “Mayormente no hay novedad”.
En aquel “mayormente” sé revelaba
desde luego un oficial de punta, pues no todos saben apreciar el tamaño de las
novedades que pueden ocurrir en una compañía de tropas.
Pero si mayormente no había
ocurrido novedad, menormente sí que había ocurrido. Una piedra arrojada desde
la calle había penetrado en el dormitorio y roto un cristal de una de las ventanas
en las primevas horas del día.
El capitán apreció mayormente
aquella novedad y salió á dar parte al jefe de servicio; éste dio parte al
coronel, y el coronel puso un volante al comandante de Ingenieros de la plaza
notificándole el desperfecto y suplicando fuese remediado, puesto que era
debido á un caso fortuito.
Contestó el ingeniero comandante
que los cristales eran considerados como eternos si de ellos no se hacía mal
uso, y que la reposición de uno requería la formación de un expediente en el
cual se comprobase que había sido roto por ciclón, incendio ú otra fuerza
mayor, según estaba prevenido.
Se mandó formar el expediente; en
él figuraron como testigos varios soldados de la tercera compañía, los cuales
declararon que en la mañana del día de autos hubo un fuerte viento huracanado ó
ciclón determinante de la rotura del cristal. Como testigos imparciales declararon
el dueño de una tienda de bebidas cercana, á la cual concurrían los soldados
del regimiento, y el amo de una casa próxima donde vivía el capitán de la
compañía, y así quedó comprobado que en aquella mañana hubo un ciclón ó
huracán, cuya zona de acción no pasó del cristal siniestrado.
El auditor informó que procedía
pedir de oficio al Observatorio astronómico una relación de los vientos habidos
durante aquel mes, con expresión de sus velocidades, como así se hizo.
Se recibió la relación de vientos
y en ella no había ninguno capaz de levantar una pluma del suelo; todo había
sido calma chicha; por lo cual se falló que los tres reales importe del cristal
roto fuesen pagados por el Cuerpo que ocupaba el edificio.
El coronel trasladó el fallo al
capitán de la tercera, haciéndole presente que á él le correspondía el pago,
como responsable de cuanto en su compañía ocurriese.
El capitán llamó al teniente que
estuvo de semana cuando ocurrió el desperfecto, y le dijo:
-Usted es el que tiene que
pagar el cristal roto si no averigua quién es el responsable.
Y como la rotura había ocurrido a
primera hora de la mañana, cuando el teniente aún no había entrado en el
dormitorio, trasladó el cargo al sargento de semana.
Este averiguó quién estaba de
cabo de cuartel cuando lo del cristal, y al cabo señaló como responsable
obligado á pagarlo.
El cabo, por su parte, hizo
algunas indagaciones, por las que vino en conocimiento de que la piedra
ocasional fue arrojada de fuera á adentro, por mano desconocida, rompió el
cristal y vino á caer junto al armero, y como testigo de mayor excepción presentóse
un soldado, quinto del último reemplazo, el cual aseguró que él estaba
embetunándose los zapatos cuando sintió el ruido del cristal y, casi al mismo
tiempo, el golpe de la piedra en su cabeza, de donde rebotó para ir á parar
junto al armero; y como prueba de lo dicho mostró una descalabradura en el
parietal izquierdo.
–Pues
no hay que hablar más- -dijo el cabo, -el
responsable eres tú; mentira parece que no haya caído en eso el auditor.
Y el quinto descalabrado pagó los
tres reales del cristal.
El papel de barba para el
expediente costó seis.
MELITÓN GONZÁLEZ


