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Este blog está dedicado a D. PABLO PARELLADA MOLAS, alias "MELITÓN GONZÁLEZ". Porque... “EN CUESTIONES DE CRITERIO HUELGA TODA DISCUSIÓN; SIEMPRE TIENE LA RAZÓN EL QUE ESTÁ EN EL MINISTERIO”.

10 marzo 2026

Torerías (1892)

 

¡Qué dolor de pueblo tan inteligente y tan vivo atrofiado por la tauromelonía!

TORERÍAS

 

Señor Director de LA VANGUARDIA.

Estimado amigo; no habrá usted olvidado que en el mes de agosto último estuve en Sevilla.

Articulejo de toreros tenemos — diría usted al saber que me dirigía á la ciudad del Pontificado taurino.

Eso me dije yo también; y créame que por no haberlo hecho antes tengo sobre mi conciencia el peso de una deuda contraída.

Perdónenme los lectores de ese periódico y usted la demora en asunto tan interesante, y perdónenme la intranquilidad en que les he tenido sin hablarles en tanto tiempo de «El Tipa» «El Cascarrias» y «El Colillero». 

 

Pensé visitar la Universidad taurina donde, según me habían dicho, se daban lecciones de tauromaquia á los que preferían quedar secos de una cornada antes que trabajar en el honroso oficio de sus padres.

Dicha Universidad existe. Edificio es lo que le falta.

Las lecciones teóricas se dan en los sitios públicos. 

 

La calle de las Sierpes es una de las mejores aulas. En esta calle los chulos se enseñan á andarse con salero, sacando los codos á los costados, para que resulten los brazos arqueados; se aprende el modo de coger la colilla del cigarro, escupir por el colmillo y expresarse en términos científicos.

Todo el que es torero, lo haya sido, pretenda serlo ó se las eche de inteligente, no puede acostarse tranquilo sin dar una vueltecita por la calle de las Sierpes y enterarse de la cotización taurina del día.

Mientras estuve en esta bendita tierra no oí hablar más que de toros.

¡Fulano! ¿se sabe algo del Puerto?

Espartero superior; Lagartijo mal, Guerrita mal, la presidencia mal, el tiempo malo.

¿Quién te lo ha dicho?

Don Miguel.

Estos diálogos de café terminan levantándose el parroquiano preguntón para ir al casino militar ó al mercantil en busca de el don Miguel de referencia. 

 

Don Miguel, con un telegrama en la mano, recorre las mesas de todos los casinos cafés y cafetines llevando la buena nueva y mostrando orgulloso el papelito azul.

¡Loor á los apóstoles de la Tauromelonía!

Allá vá echando los bofes, sudando como un botijo, corre que te corre de una á otra mesa; de un café a otro.

¡Don Miguel! ¿Hay noticias?

¡Espartero tres de dos!

¿Y Cara?

Dos de seis.

¿Y Mazzantini?

Orejas inmensas, ovaciones dos; digo, no; al revés; orejas dos, ovaciones inmensas. 

 

Y don Miguel sale corriendo después de tropezar con el mozo, derribar un velador y enredarse en la coleta de un mataor retirado.

Si voy á la fonda, tomo el almuerzo mientras los de al lado y los de enfrente hablan de Reverter ó de Bonarillo.

Tomo café con toros; chocolate con toreros, y en la peluquería me preguntan si me voy a dejar la coleta.

Esa es una enseña honrosa que no merezco,— contesté—además no poseo el difícil arte de la tauromaquia.

No le hace; aquí en Sevilla llevan coleta muchos que no han pisado el redondel en su vida. Se la dejan por presumir y por echarse novia más fácilmente. Aquí viene todos los domingos un barrendero del Ayuntamiento y le pongo coleta postiza.

¿Coleta postiza? 

 

Sí señor; se pone muy bien, con una goma ó con una tachuela, según la dureza del testuz.

¿De modo que no son toreros todos esos que andan por la calle de las Sierpes á lo bailarín de teatro?

Todos no. Hay muchos imitados.

Mientras el oficial de peluquero se esplica así, el dueño lee en alta voz la revista de toros de Jerez de la Frontera; en la puerta oigo á dos niños en compota citarse para una tienta; y, á través de las vidrieras, reflejados en el espejo, veo los ademanes y gestos de unos semichulapos semipersonas que, seguramente, hablan de alguna corrida.

El que parece tener la palabra, pasa de capa á su paciente compañero; le pone un par ó dos al quiebro; le da unos pases derribando al suelo una copa de marrasquino; lía, se tira y... estiende las manos en alto. 

 

Supongo que habrá dicho ¡Er delirio! No hay escaparate, aun cuando sea de almacen de guano, que no tenga fotografías de toreros, desde El Costra y «El Mundo de la carreteria» que todavía no tienen traje de lidia, hasta el acaudalado mataor de cartel que á guisa de gorila domesticado se sienta en la mesa del Excmo. señor Marqués de Pococutis.

Haciendo parejas con ellos están la Macarrona, la Tal y la Cual.

Mientras contemplo extasiado las inteligentes fisonomías de los toreros, sus ángulos faciales de 7º y sus monstruosos pabellones auriculares, veo que la gente corre y se arremolina.

Corro yo también; me acerco á un gran grupo. En el centro está don Miguel con otro papelito azul y dice en alta voz.

«Santander-seis-tarde-Espartero sacado á lomo tres de dos-ovación-Salvada España.»

¡Qué dolor de pueblo tan inteligente y tan vivo atrofiado por la tauromelonía!

 

MELITÓN GONZÁLEZ. Dibujos del mismo.

Publicado en el diario LA VANGUARDIA de Barcelona, 11 de febrero de 1892.