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Este blog está dedicado a D. PABLO PARELLADA MOLAS, alias "MELITÓN GONZÁLEZ". Porque... “EN CUESTIONES DE CRITERIO HUELGA TODA DISCUSIÓN; SIEMPRE TIENE LA RAZÓN EL QUE ESTÁ EN EL MINISTERIO”.

24 mayo 2026

Chistorrea epidémica (1917)

 


CHISTORREA EPIDÉMICA

Por MELITÓN GONZÁLEZ

Publicado en BLANCO Y NEGRO MADRID 18-11-1917 página 21

 

FRAGMENTO de la comedia titulada Doña Sol de Abril y Mayo, original de Adoquinio Iñiguez y Pesebrando Méndez.

La escena representa el viaducto de la calle de Segovia, en Madrid. Anochece.

Una Señorita llega con paso precipitado, muy emocionada y nerviosa, se acerca á la barandilla y mira, temerosa, á uno y otro lado. Un Caballero muy elegante se acerca a la Señorita, y dice:


CABALLERO. -Señorita, en nombre de la ley, queda usted detenida.

SEÑORITA. ¿Por qué?

 C. -Por intento de suicidio.

S. (Llorando) -No, señor; yo no iba á suicidarme.

C. -Iba usted á cometer un acto criminoso tirándose desde lo alto del viaducto. Es inútil que lo niegue. Vengo siguiéndola desde el cementerio. Allí ha pasado usted cerca de dos horas llorando amargamente, reclinada contra un nicho, en cuya lápida se lee: Aquí yace Lino Tapia de la Huerta.

S. (Sin dejar de llorar.) -Sí, señor.

C. -Ha besado usted el epitafio. Ha extendido usted el brazo hacia el nicho, en ademán de prometer algo bajo juramento, y ha salido usted de aquel santo lugar con paso acelerado y como quien ha: tomado una resolución extrema, cuya realización acabo de impedir.

S. -Y usted, ¿quién es para meterse en lo que no le importa?

C. -Soy... (Bajando la voz) Soy agente de Policía, honorario. Puedo enseñarle mi carnet de identidad si lo duda.

S. Pues bien, sí; estoy desesperada y. quiero matarme.

C. -Haga usted el favor de seguirme á la Inspección.

S. ¡No, por Dios! (Sin moverse.)

C. -Procure tranquilizarse y reprimir el llanto para no llamar la atención de los transeúntes.

S. No sé si podré. ¡Le amaba tanto!

C. -A Lino, ¿verdad?

S. Sí, señor, á Lino.

C. -La pérdida de un ser querido es motivo de aflicción; pero nunca para desesperarse. de ese modo. ¿Quién no ha perdido un ser amado? Y, sin embargo, ya ve usted, la reflexión, la conformidad, la resignación cristiana...

S. -Ya sé conoce que usted ignora cómo murió el pobre Lino; tal vez el primero que muere de esa manera.

C.- ¿Alguna enfermedad nueva?

S. -Como enfermedad, no puede llamarse enfermedad: murió á causa de un giro postal telegráfico.

C. ¿De un giro postal telegráfico?

S. -Como usted lo oye.

C. -Es curioso. Cuénteme cómo fué; se lo suplico.

S. ¿Para qué?

C. -Cuéntemelo; hágame ese favor, y se lo agradeceré.

S. -Le haré ese favor á cambio de otro. (Más tranquila.)

C- ¿Cuál?  

S. -Que no me lleve á la Inspección.

C. -No he pensado nunca en eso. Si la amenacé con llevarla á la Inspección, fué sólo para que no cometiera la majadería de atentar contra su preciosa existencia.

S. (Después de un suspiro, que le sirve de antiespasmódico.) Pues verá usted: mi padre está en la Compañía de maderas.

C. ¿Maderas? No conozco á ese actor. Debe de andar por provincias.

S. -No es compañía de teatro; me refiero á los grandes almacenes de maderas de Pino, Castaño y Compañía. Como el sueldo de mi padre no és gran cosa, yo también trabajo en mi profesión.

C. ¿Cómo se llama usted?

S. -Modesta.

C. ¿Su profesión?

S. -Modista.

C. ¿Por su cuenta?

S. -No, señor; para la gran tienda de confecciones de don Melanio Pol.

C- ¿Y la profesión de Lino Tapia?

S. -Linotipia.

C. -Adelante.

S. -Una tarde salimos de paseo por la carretera de Alcalá, y nos sentamos en una cuneta, cuando unos obreros acababan de marcharse después de abrir un hoyo en el suelo y de meter allí, derecho, un madero alto y redondo, que debió de quedar mal sujeto á tierra, porque, á poco de estar nosotros hablando, el madero cayó sobre la cabeza de Lino, que expiró en el acto. El Juzgado entendió en el asunto, y, después de oir mi declaración y las de los hombres, que hablan colocado el madero, dijo el juez: “Considerando que el madero de autos era un poste destinado á la telegrafía; considerando que el referido poste giró sobre su base; fallamos que la muerte de Lino Tapia de la Huerta fué causada por un giro postal telegráfico.“

C. -Muy bien fallado. Ese juez era un erudito.

S. -Ya. ve usted qué muerte tan espantosa.

C. -Mire usted, señorita; yo también he ido al cementerio á rezar por una mujer que amé con delirio: Casta. ¡Mi amada Casta! Hermosa, de ilustre descendencia. Su madre era Bobadilla de segundo apellido, y su padre descendía, en línea recta, de don Alberto de Lista, el célebre poeta y literato; de modo que Casta tenía más de Lista que de Bobadilla. Ella se creía viuda. Tres años hacía que su esposo embarcó para Chile, y nada se había vuelto á saber de él ni del barco que lo conducía. Quisimos casarnos. El cura se negó mientras no se comprobase la defunción del esposo. Acudí al Tribunal de la Rota con mi asunto, y la Rota dijo que no tenía compostura. Casta era de carácter muy dulce, y lo tomó con resignación. Decidimos esperar, y murió de un berrinche.

S. -¿De un berrinche, teniendo un carácter tan dulce?

C. -Así calificó el médico la enfermedad, y estaba en lo cierto, pues Casta había fallecido de un atracón de berros.

S. -Lo que me parece impropio es que para ir á rezar al cementerio se haya usted vestido tan elegante.

C. -Tiene su explicación: cuando me encuentro ante el sepulcro de Casta, todos mis sentidos se reconcentran en él; el mundo entero se condensa en aquel sepulcro, y parece que una voz misteriosa me repite: Sé pulcro... Sepulcro... Por eso me he vestido con tanta pulcritud.

S. -Ahora comprendo.

C. -Me gusta ser considerado, no sólo con las personas, sino también con los seres inanimados que me rodean; yo soy propietario de un extenso espartal en la provincia de Zaragoza, y cuando llega la época de arrancar el esparto para la fabricación de papel, me llevo un par de comadronas al espartal.

S. ¿Un par de comadronas?

C. -Sí, porque mientras se hace la recolección, no hago más que oir: Es parto... Es parto... Tal vez crea usted que lo que le cuento son chuflas.

S. -No, señor; le creo á usted. Estoy convencida de que cuanto nos rodea influye poderosamente en nuestra manera de ser: mire usted; el dueño del establecimiento para donde trabajo...

C. -Melanio Pol. Le conozco.

S. -El modisto más fino y delicado que se ha conocido; como que no comía más que bechamelas y fumaba hojas de rosa; pero estuvo un mes en Sebastopol, y cambió por completo.

C. -No el motivo del cambio.

S. -Sí, porque estando en aquella ciudad, constantemente oía decir: Sé basto, Pol... Sé basto, Pol... y volvió á Madrid comiendo mojama y caracoles y mascando tabaco. En fin, yo misma: así que veo escamar un besugo, me entra un sueño irresistible.

C. -No sabía yo que el besugo tuviese opio.

S. -Para mi, como si lo tuviera, porque cuando veo caer las escamas no hago más que pensar: Es cama... Es cama... y me quedo dormida.

C. -Eso revela que tiene usted un alma sensible y delicada.

S. -Y usted también.

C. -No me extraña que Lino se enamorara de usted.

S. -Era muy bueno. Me llenaba de regalos. ¿Ve usted este traje de lana? es de Lino. ¿Ve usted esta mantilla de seda? es de Lino también. Además, Lino había estudiado música y compuso algunos bailables. En casa tengo una porción de piezas de Lino.

 C. -Yo también guardo algunos recuerdos de aquella infeliz: tengo un gato de Angora, de Casta; un galgo, de Casta, y otros animalitos, todos de Casta.

S. -Salud para llorarla. Quede con Dios, y dispense si, por mí, ha faltado á sus deberes de policía honorario. (Medio mutis.)

C. -No he faltado á ellos. No soy tal policía. Soy un ciudadano que ha cumplido con la obligación de evitar una desgracia.

S. -Adiós.

C. -Yo la acompañaré. Deseo saber dónde usted vive, y que mañana me presente á sus padres. Usted y yo tenemos que ser amigos; es necesario que tenga usted á su lado una persona que como yo, comprenda su dolor. Lino yace en la mansión eterna. Allí, Lino, en nada le puede disminuir la aflicción, mientras que si Lino estuviese aquí... á su lado...

S. -Naturalmente. Si Lino estuviese aquí...

C. -Pues, bien; yo soy, aquí, Lino.

S. -No estoy para bromas.

C. -Digo que yo soy Aquilino Pérez de Longares, estudiante de Derecho.

S. (Riendo.) Ah, es que se llama usted Aquilino. Tiene gracia.

C. Vamos á su casa?

S. -Vamos.

Por MELITÓN GONZÁLEZ