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Este blog vitorea a D. PABLO PARELLADA MOLAS, alias "MELITÓN GONZÁLEZ". Porque... “EN CUESTIONES DE CRITERIO HUELGA TODA DISCUSIÓN; SIEMPRE TIENE LA RAZÓN EL QUE ESTÁ EN EL MINISTERIO”.

28 mayo 2026

Langosturuz en su casa (circa 1899)

 


Por MELITÓN GONZÁLEZ.
Publicado en el PORTFOLIO del semanario BARCELONA CÓMICA, cuaderno 92; poco después del 'desastre del 98', tras perderse Cuba.


LANGOSTURUZ EN SU CASA

LA fotografía, el invento que tan fielmente reproduce el natural, es hoy un medio poderoso con el cual se engaña al público con frecuencia en los periódicos ilustrados.

Con ella se dan adoquines mojados por bizcochos borrachos.

Me refiero a los fotograbados que suelen representar á “el señor de Langostúruz en su despacho,” ó en su estudio, sorprendido en su vida íntima.

Pero ya vamos sabiendo que á Langosturuz se le avisó con la debida anticipación que tal día a tal hora iría el fotógrafo á sorprenderle, y claro está, el hombre tuvo tiempo de preparar la escena con cuanto pudiese halagar su vanidad.

Langosturuz carece de estudio, porque no estudió, y de despacho, porque no tiene nada que despachar; pero eso no puede decirse al público.

 

En un rincón de la salita de su casa, reúne todos los muebles y cachivaches suyos ó del vecino:

La tinaja del agua medio cubierta con la manta de planchar; dentro de unos plumeros de caña.

Todas las tapaderas de la casa, en la pared.

La pellica de la cuna, en el suelo.

Varias escobas gastadas, formando panoplia.

La caña de sacudir las telarañas y varios palitroques.

 

Todo esto, velado por las tintas del fondo, resulta en el fotograbado:

Una preciosa ánfora egipcia, cubierta con un rico tapiz de los Gobelinos; dentro unas plantas exóticas.

Varias rodelas de los tiempos primitivos.

Una hermosa piel de oso blanco.

Varias armas  indias.

Lanza del siglo XII y saetas de diferentes épocas.

 

Los platos de la cocina con cromos pegados, se convierten en platos pintados de los más reputados artífices.

La mesa de la cocina se cubre con la colcha de la cama, que cae doblándose con arte sobre el suelo.

Se ponen libros, muchos libros, todos los de la casa,  y papeles, muchos papeles, incluso los del cesto.

 


Dispuesta la escena, Langosturuz ensaya la postura académica en que más le agrade que le sorprendan; y esta es la ocasión más propicia para hacerse pasar por lo que no es.

Si quiere dárselas de químico, la fotografía le sorprende con el frasco de vinagre, echando unas gotas en la jabonera.

Otros agarran un bastón, le pintan unos puntos negros, y se lo ponen junto á la boca para que crean que toca la flauta.

El fotograbado se publica con algunos datos biográficos, escritos por algún amigo íntimo de Langosturuz, asegurando que éste es un químico eminente, que descubrió el medio de freír la manteca, pero que, por modestia, se lo tenía callado,  y que, sorprendido de pronto en su vida íntima, sele ha descubierto esta nueva habilidad.

Y menos mal si después no se habla de la bella y distinguida esposa de Langosturuz, de su bella y distinguida suegra, de su bella y distinguida fregona, y de su gato, también bello y distinguido y tan químico y músico como su amo.

Estas interioridades no debieran publicarse, porque desde que así se hace, el público tiene derecho a opinar sobre ellos, y á discutir, desde otro periódico, si la señora de Langosturuz tiene realmente tipo distinguido o más ordinario que el de su criada, y si su belleza llega o no a la del gato de la casa; así como tiene el público derecho a poner en duda los conocimientos de química del señor Langosturuz y á discutirlos y á disentirlos y hasta á negarlos en letras de molde.


Es conveniente vivir preparados para cerrar nuestras tragaderas á esos fotograbados por sorpresa preparada.


Así he visto á una señora, muy actriz fuera del escenario, sorprendida en su boudoir, que según el biógrafo, era un “nido de raso,” pero hay motivos para dudar del raso y suponerlo de percalina de lustre; la actriz tiene los pies sobre un almohadón, que por ser del sofá, nunca ha estado en suelo hasta el momento de la fotografía.

En la mano tiene  unos papeles para que el público crea que su ocupación favorita es la lectura, y sin embargo, hay quién asegura que se pasa el día jugando al tute ó tumbada en una mecedora, silbando como un golfo.


He visto a El Mugre, célebre picador de toros, sentado en la mesa de su despacho.

¿Qué tendrá que despachar El Mugre en esa mesa?

Como no despache a su criada por sisona…

Rodea la figura del picador una estantería que lo mismo puede contener libros que libras de chocolate, pero el lame toreros, que ejerció de biógrafo, afirma que aquello es una biblioteca, formada por todas las obras clásicas, desde Homero y Ovidio hasta nuestros días, y que lo mismo pica un toro en la barriga, que larga un discurso sobre cualquier cosa que se tercie en todos los ramos del saber humano.


Pero todo el que piense un poco y no le cieguen las torerías, comprenderá que si aquello son obras clásicas, hacen allí el mismo papel que los incensarios en un cuarto de baño.

Esto en el supuesto de que estén allí los clásicos. Lo probable es que formen la biblioteca de El Mugre, los tomos de La Lidia, El Tábano, El Toreo, y lo más, lo más… El Cencerro.

El Mugre, figura estar haciendo consideraciones acerca del toreo moderno en sus relaciones con la literatura y la electricidad dinámica, pero no hay tal cosa: piensa en las castañas que da al público cada vez que se presenta en la plaza.


He visto el retrato de altos personajes políticos de oficio ó industriales de la política.

Se retratan pensativos como preocupados con la salvación de la patria, siendo ya de clavo pasado que á esta gente sólo le preocupa la propina que ha de recibir de las empresas ferroviarias, una vez votados los auxilios á las mismas, y otros gajes por los que únicamente se afanan.


Con que, señores directores de periódicos ilustrados: vengan retratos de celebridades, pero retratos solos, en actitud natural, no rebuscada para darnos gato por liebre, y sobre todo, sin fondos de pega y sin ridículas exageraciones de los fotógrafos.

MELITÓN GONZÁLEZ