LANGOSTURUZ EN SU CASA
LA fotografía, el invento que tan
fielmente reproduce el natural, es hoy un medio poderoso con el cual se engaña
al público con frecuencia en los periódicos ilustrados.
Con ella se dan adoquines mojados por
bizcochos borrachos.
Me refiero a los fotograbados que
suelen representar á “el señor de Langostúruz en su despacho,” ó en su estudio,
sorprendido en su vida íntima.
Pero ya vamos sabiendo que á
Langosturuz se le avisó con la debida anticipación que tal día a tal
hora iría el fotógrafo á sorprenderle, y claro está, el hombre tuvo tiempo de
preparar la escena con cuanto pudiese halagar su vanidad.
Langosturuz carece de estudio, porque
no estudió, y de despacho, porque no tiene nada que despachar; pero eso no
puede decirse al público.
En un rincón de la salita de su casa,
reúne todos los muebles y cachivaches suyos ó del vecino:
La tinaja del agua medio cubierta con
la manta de planchar; dentro de unos plumeros de caña.
Todas las tapaderas de la casa, en la
pared.
La pellica de la cuna, en el suelo.
Varias escobas gastadas, formando
panoplia.
La caña de sacudir las telarañas y
varios palitroques.
Todo esto, velado por las tintas del
fondo, resulta en el fotograbado:
Una preciosa ánfora egipcia, cubierta
con un rico tapiz de los Gobelinos; dentro unas plantas exóticas.
Varias rodelas de los tiempos
primitivos.
Una hermosa piel de oso blanco.
Varias armas indias.
Lanza del siglo XII y saetas de
diferentes épocas.
Los platos de la cocina con cromos
pegados, se convierten en platos pintados de los más reputados artífices.
La mesa de la cocina se cubre con la
colcha de la cama, que cae doblándose con arte sobre el suelo.
Se ponen libros, muchos libros, todos
los de la casa, y papeles, muchos
papeles, incluso los del cesto.
Dispuesta la escena, Langosturuz
ensaya la postura académica en que más le agrade que le sorprendan; y
esta es la ocasión más propicia para hacerse pasar por lo que no es.
Si quiere dárselas de químico, la fotografía le sorprende con el frasco de vinagre, echando unas gotas en la jabonera.
Otros agarran un bastón, le pintan unos puntos negros, y se lo ponen junto á la boca para que crean que toca la flauta.
El fotograbado se publica con algunos
datos biográficos, escritos por algún amigo íntimo de Langosturuz, asegurando
que éste es un químico eminente, que descubrió el medio de freír la manteca,
pero que, por modestia, se lo tenía callado,
y que, sorprendido de pronto en su vida íntima, sele ha
descubierto esta nueva habilidad.
Y menos mal si después no se habla de
la bella y distinguida esposa de Langosturuz, de su bella y distinguida suegra,
de su bella y distinguida fregona, y de su gato, también bello y distinguido y
tan químico y músico como su amo.
Estas interioridades no debieran
publicarse, porque desde que así se hace, el público tiene derecho a opinar
sobre ellos, y á discutir, desde otro periódico, si la señora de Langosturuz
tiene realmente tipo distinguido o más ordinario que el de su criada, y si su
belleza llega o no a la del gato de la casa; así como tiene el público derecho
a poner en duda los conocimientos de química del señor Langosturuz y á
discutirlos y á disentirlos y hasta á negarlos en letras de molde.
Es conveniente vivir preparados para
cerrar nuestras tragaderas á esos fotograbados por sorpresa preparada.
Así he visto á una señora, muy actriz
fuera del escenario, sorprendida en su boudoir, que según el biógrafo, era un
“nido de raso,” pero hay motivos para dudar del raso y suponerlo de percalina
de lustre; la actriz tiene los pies sobre un almohadón, que por ser del sofá,
nunca ha estado en suelo hasta el momento de la fotografía.
En la mano tiene unos papeles para que el público crea que su
ocupación favorita es la lectura, y sin embargo, hay quién asegura que se pasa
el día jugando al tute ó tumbada en una mecedora, silbando como un golfo.
He visto a El Mugre, célebre
picador de toros, sentado en la mesa de su despacho.
¿Qué tendrá que despachar El Mugre
en esa mesa?
Como no despache a su criada por
sisona…
Rodea la figura del picador una
estantería que lo mismo puede contener libros que libras de chocolate, pero el lame
toreros, que ejerció de biógrafo, afirma que aquello es una biblioteca,
formada por todas las obras clásicas, desde Homero y Ovidio hasta nuestros
días, y que lo mismo pica un toro en la barriga, que larga un discurso sobre
cualquier cosa que se tercie en todos los ramos del saber humano.
Pero todo el que piense un poco y no
le cieguen las torerías, comprenderá que si aquello son obras clásicas, hacen
allí el mismo papel que los incensarios en un cuarto de baño.
Esto en el supuesto de que estén allí
los clásicos. Lo probable es que formen la biblioteca de El Mugre, los
tomos de La Lidia, El Tábano, El Toreo, y lo más, lo más… El
Cencerro.
El Mugre, figura estar haciendo
consideraciones acerca del toreo moderno en sus relaciones con la literatura y
la electricidad dinámica, pero no hay tal cosa: piensa en las castañas que da
al público cada vez que se presenta en la plaza.
He visto el retrato de altos
personajes políticos de oficio ó industriales de la política.
Se retratan pensativos como preocupados
con la salvación de la patria, siendo ya de clavo pasado que á esta gente sólo
le preocupa la propina que ha de recibir de las empresas ferroviarias, una vez
votados los auxilios á las mismas, y otros gajes por los que únicamente se
afanan.
Con que, señores directores de
periódicos ilustrados: vengan retratos de celebridades, pero retratos solos, en
actitud natural, no rebuscada para darnos gato por liebre, y sobre todo, sin
fondos de pega y sin ridículas exageraciones de los fotógrafos.
MELITÓN GONZÁLEZ


